miércoles, 1 de abril de 2015

La Odisea de viajar con lluvia por Bolivia

     La aventura de viajar sin rumbo y sin fechas siempre trae imprevistos: dormir en una plaza, comer pan con dulce de cena, ser invitado en un restaurante o por alguien que te ve necesitado. Y hasta hace poco, habíamos salteado los inconvenientes de transporte.

LA ESPERA INTERMINABLE
     Fue en Nuevo Mundo, el último pueblo de Chuquisaca en nuestro camino desde Sucre a Santa Cruz, donde nos vimos prisioneros de las circunstancias y después de un día completo donde solo La Flota, el bus de larga distancia, circuló la ruta, tomamos la decisión de pagar nuestro viaje al no tener mas opciones a la vista.
LA LLUVIA ALLÁ NO TAN LEJOS





     La Odisea fue viajar 80 kilómetros en 10 horas; cuando ya la duración normal es de tres horas. El principal obstáculo fue la lluvia, que parecía caer a baldazos, predicando un día difícil, y que para comenzar retrasó la llegada de la "movilidad" (el transporte). Subimos confiados de todos modos. La primera detenida fue a poco menos de una hora. Era obvio que el conductor conocía la ruta porque frenaron a una distancia prudente y fueron caminando hasta las curvas difíciles. Luego de un tiempo en que nos intrigaba lo que hacían, volvieron para probar pasar. La primer curva complicada se superó sin dudar; la segunda nos superó a nosotros. Y la orden fue: "bajen todos, que hay que pichar" (o eso escuché yo). Hubo entonces que palear, empujar y jalar; y tomo cinco intentos salir. Eran dos flotas, y ambas se hundieron, aunque la otra salió al segundo empujón/jalón. Al haber otro punto difícil mas adelante, nos mandaron caminando unos tantos cientos de metros. Y hubo nuevamente que cavar, empujar, jalar, aunque esta segunda vez fue mas fácil continuar.
AHI ESTOY YO, FROTANDOME LAS MANOS ANTES DE VOLVER A AGARRAR EL CABLE DE METAL
EL PUENTE SOBRE EL RIO GRANDE



     Parecía que seguiríamos bien hasta que, como habían avisado, llegamos a una subida con curva y contra curva que estaba embarrada y bien mojada, que obligó a detener la marcha. Estuvimos varias horas detenidos, esperando que el sol hiciera su trabajo, oreando y secando el camino. Después hubo pala y azada para ayudar a la huella, e intentar la subida. Hubo dos o tres momentos (por curva) en que empujamos y trabajamos un poco más la ruta, hasta que llegamos a la cima. Desde ahí ya se sabía que el camino seguía bueno, incluso frenamos para que quién quisiera pudiera comer, y otros compráramos sandía, hasta que cruzamos el puente sobre el Río Grande.


LA ILUSIÓN ...
... DE CREER QUE TODO VA A SEGUIR BIEN


     El final no nos iba a ser tan simple: un derrumbe nos apoyo una considerable roca en la carretera. Ahí salieron nuevas herramientas, maza y barreta, para reducir ese piedra. También, en paralelo, tuvimos que nivelar un poco las piedras desbarrancadas para que el bus pasara entre lo que quedara de la roca y la montaña.
LA SATIFACCIÓN DE UN TRABAJO BIEN HECHO


     Resumiendo, habiendo salido a las 9 horas de Nuevo Mundo, y recorridos 82 kilómetros, llegamos sobre las 19:30 a Pucará. No queremos dar la impresión de que el servicio fue malo (aunque si quizás caro considerando el trabajo hecho), porque incluso en todas esas horas que estuvimos en la ruta no vimos vehículo alguno que pudiera habernos llevado.

     Esto es sólo uno de los tantos relatos de aventura de recorrer Bolivia.

Saludos.
No se olviden de ser felices; llueve, truene o relampagueé.

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