domingo, 26 de abril de 2015

La Lluvia Boliviana, una odisea en si misma

Pocos días después de que publicaba el relato de nuestra odisea en transporte por Bolivia, tuvimos una mayor y mas grave aventura con la lluvia boliviana, esta vez de camping. Después de la odisea que nos dejo en Pucara, visitamos un poco de "La Ruta del Che", una ruta turística de los últimos días de la Guerrilla en Bolivia. Primero fuimos a visitar La Higuera, donde ultimaron al Che, y Valle Grande, donde lo expusieron a su cuerpo. Y de ahi fuimos al pueblo de Samaipata a encontrarnos con nuestros amigos Seba y Clari. Samaipata había sido recomendado como un lugar espectacular para pasar unos días de relax y descanso. Nos instalamos donde los chicos estaban de voluntarios, el camping El Jardín, un lugar hermoso. Con decir que de los mas de 10 días que estuvimos ahí acampando, excepto para hacer compras, salimos solo 1 día. Para el fin de semana de Pascua habíamos conseguido un trabajo ayudando en un restaurante y nos acostábamos cansados; yo, el sábado, no había ido a trabajar porque estuve todo el día descompuesto, sintiéndome muy mal de la panza. Llego entonces la madrugada del domingo, a eso de las 5 am, antes de que se asomara el sol, y now despertaron unos gritos histéricos. Llovía, así que pensamos que alguna chica borracha se había mojado. Pero no era solo eso. Cuándo me quise asomar y me senté, me sentí raro, como flotando. Toque a los costados de la carpa y no estaba solo mojado, había mucha agua. Le dije a Julia "estamos flotando!", "¿Qué?", "¡Estamos flotando! Nos estamos inundando". Abrí el cierre para mirar afuera y ví que lo que solía ser un hermoso camping ahora era una laguna de 100metros cuadrados, y medio metro de profundidad! Salí corriendo, agarré las cosas de valor, y fui a la cocina a dejarlas. Para cuando volví a la carpa, el agua me llegaba casi a la cintura. Y así arrastre la carpa hasta donde había visto tierra seca, que ya no lo era cuando conseguí llegar. Con Julia intentamos poner las cosas a buen recaudo lo mejor que pudimos, y después fui a ayudar a Sebi y Clari que acampaban en otro lugar (según cuentan fui la viva imagen de tarzan, ya que con todo yo seguía en cueros y calzones). Corrimos todos cuando escuchamos que la cocina se inundaba, y rescatamos lo que pudimos. El lugar que yo había elegido para dejar las cosas de valor se llenó de agua, y días después confirmamos que habíamos perdido la cámara réflex de Julia. La computadora se salvó, al igual que los celulares, pero todo incluyendo documentos se había mojado y tomó días secarlos bien. Finalmente la lluvia paro, la inundación dejó de crecer, y pudimos recuperarnos. Con el pasar de las horas y los días supimos que los tres Campings céntricos habían sufrido lo mismo, algunos peor que en el nuestro, con gente que perdió mochilas enteras y carpas destrozadas. Resulta que la lluvia no es nuestro aliado en Bolivia, y vamos a planificar mejor para los desastres a futuro. ¡Saludos a todos! ¡Nos vemos por el mundo! Y a pesar de las desgracias: ¡¡¡NO SE OLVIDEN SE SER FELICES!!!

miércoles, 1 de abril de 2015

La Odisea de viajar con lluvia por Bolivia

     La aventura de viajar sin rumbo y sin fechas siempre trae imprevistos: dormir en una plaza, comer pan con dulce de cena, ser invitado en un restaurante o por alguien que te ve necesitado. Y hasta hace poco, habíamos salteado los inconvenientes de transporte.

LA ESPERA INTERMINABLE
     Fue en Nuevo Mundo, el último pueblo de Chuquisaca en nuestro camino desde Sucre a Santa Cruz, donde nos vimos prisioneros de las circunstancias y después de un día completo donde solo La Flota, el bus de larga distancia, circuló la ruta, tomamos la decisión de pagar nuestro viaje al no tener mas opciones a la vista.
LA LLUVIA ALLÁ NO TAN LEJOS





     La Odisea fue viajar 80 kilómetros en 10 horas; cuando ya la duración normal es de tres horas. El principal obstáculo fue la lluvia, que parecía caer a baldazos, predicando un día difícil, y que para comenzar retrasó la llegada de la "movilidad" (el transporte). Subimos confiados de todos modos. La primera detenida fue a poco menos de una hora. Era obvio que el conductor conocía la ruta porque frenaron a una distancia prudente y fueron caminando hasta las curvas difíciles. Luego de un tiempo en que nos intrigaba lo que hacían, volvieron para probar pasar. La primer curva complicada se superó sin dudar; la segunda nos superó a nosotros. Y la orden fue: "bajen todos, que hay que pichar" (o eso escuché yo). Hubo entonces que palear, empujar y jalar; y tomo cinco intentos salir. Eran dos flotas, y ambas se hundieron, aunque la otra salió al segundo empujón/jalón. Al haber otro punto difícil mas adelante, nos mandaron caminando unos tantos cientos de metros. Y hubo nuevamente que cavar, empujar, jalar, aunque esta segunda vez fue mas fácil continuar.
AHI ESTOY YO, FROTANDOME LAS MANOS ANTES DE VOLVER A AGARRAR EL CABLE DE METAL
EL PUENTE SOBRE EL RIO GRANDE



     Parecía que seguiríamos bien hasta que, como habían avisado, llegamos a una subida con curva y contra curva que estaba embarrada y bien mojada, que obligó a detener la marcha. Estuvimos varias horas detenidos, esperando que el sol hiciera su trabajo, oreando y secando el camino. Después hubo pala y azada para ayudar a la huella, e intentar la subida. Hubo dos o tres momentos (por curva) en que empujamos y trabajamos un poco más la ruta, hasta que llegamos a la cima. Desde ahí ya se sabía que el camino seguía bueno, incluso frenamos para que quién quisiera pudiera comer, y otros compráramos sandía, hasta que cruzamos el puente sobre el Río Grande.


LA ILUSIÓN ...
... DE CREER QUE TODO VA A SEGUIR BIEN


     El final no nos iba a ser tan simple: un derrumbe nos apoyo una considerable roca en la carretera. Ahí salieron nuevas herramientas, maza y barreta, para reducir ese piedra. También, en paralelo, tuvimos que nivelar un poco las piedras desbarrancadas para que el bus pasara entre lo que quedara de la roca y la montaña.
LA SATIFACCIÓN DE UN TRABAJO BIEN HECHO


     Resumiendo, habiendo salido a las 9 horas de Nuevo Mundo, y recorridos 82 kilómetros, llegamos sobre las 19:30 a Pucará. No queremos dar la impresión de que el servicio fue malo (aunque si quizás caro considerando el trabajo hecho), porque incluso en todas esas horas que estuvimos en la ruta no vimos vehículo alguno que pudiera habernos llevado.

     Esto es sólo uno de los tantos relatos de aventura de recorrer Bolivia.

Saludos.
No se olviden de ser felices; llueve, truene o relampagueé.