De Salta al Desierto de Atacama

LA PRIMER PARADA ANTES DEL DEDO




     Después de Salta siento que realmente empezamos a viajar, y con ello vinieron los mejores momentos hasta ahora del viaje. Y también algunos de los peores; porque está claro que estar quieto en un lugar es más fácil para la convivencia que andar moviéndose de un lugar a otro, con sus incomodidades y sus imprevistos.











EL PARADOR
     Salimos dirección Cachi, una ciudad turística y conocida de la Ruta del Vino de Salta. Pero no llegamos nunca. Eligiendo un lugar intermedio para pasar la noche antes de la Cuesta del Obispo, pasamos dos noches de adaptación en El Maray, un parador en la base de la Cuesta. Camping gratis acompañados de la familia que se ocupa de mantener el lugar, en especial de Tamara que nos dio la bienvenida y nos contó muchas historias, y al terminar el segundo día fue la motivadora (yo creo) de que ella y otros chicos nos compraran varias postales. Y ella misma es la segunda compradora de “Una Viaje en Moto”, el librito que escribí.

UNA BREVE CAMINATA NOS MOSTRÓ
PERALES Y MANZANOS
ESTAS LLAMAS FUERON NUESTRAS VECINAS
MIENTRAS ACAMPAMOS



EL CAMPING, LA COMIDA, Y LA INVITACIÓN

LA ÚLTIMA VISTA DEL PARADOR, LA MÁS LINDA
NUESTROS NUEVOS AMIGOS BRASILEROS,
EN LA CIMA DE LA CUESTA



     La idea era visitar Cachi y después La Poma, que había sido recomendado por Emi en Salta. Como dije antes, a Cachi no llegamos porque la pareja de brasileros que nos levantaron se vieron intrigados por ese pueblo y se desviaron de su camino para ir a verlo. En el viaje hicimos las paradas de rigor para sacar fotos, y al llegar a La Poma compartimos el almuerzo tardío antes que ellos partieran a buscar donde dormir en la ciudad.


















HACIA LA POMA VIEJA


     En La Poma hicimos un día de descanso, que como se puede imaginar nos lo pasamos caminando y cansándonos. En ese paseo nos cruzamos con unos campesinos recolectando arvejas, y ellos nos regalaron una bolsa llena de vainas recién recolectadas. Frescas, las arvejas son exquisitas.





CAMPANARIO HISTÓRICO
EL MOLLAR, CERCA DEL PUEBLO






LAS GLORIOSAS Y EXQUISITAS ARVEJAS
DAMASCOS RECOLECTADOS
ESPERANDO BAJO EL SOL CALCINANTE
VISTO DESDE EL SALADILLO







     De ahí la idea era remontar la Ruta 40 hacia San Antonio de los Cobres y pasar por el Abra Acay, el paso automovilísticos más alto del mundo. Por esas cosas de viajar a dedo, después de sufrir 3 horas al sol, logramos llegar hasta El Saladillo, que en lugar de un pueblo resultó ser un escuela frente a un puesto sanitario sin nada alrededor, excepto por el campamento de obra de los trabajadores reparando la ruta. Ahí conocimos a Laureano, la Colo Angela, y a Rorro al otro día. Con ellos compartimos la angustia de esperar a ser levantados en una ruta con un caudal de 10 autos por día. Pero la suerte estuvo con nosotros, después de haberme afeitado dejándome un nuevo bigote, y poniendo toda la responsabilidad sobre este nuevo pelo facial, frenaron dos camionetas con una familia viajera brasilera que nos llevaron a los cinco hasta nuestro destino. Y una vez más tuvimos el placer de viajar con turistas que se detienen a sacar las fotos y disfrutar el paisaje por el que circulamos.


SUBIENDO POR LA RUTA, SE PUEDE VER UNA CAMIONETA EN EL CAMINO

ASÍ SE VEÍA LA BAJADA DESDE EL ABRA

¡FELICIDAD PURA!

LA IGLESIA DE SAN ANTONIO DE LOS COBRES

     Al día siguiente Julia y yo nos subimos de nuevo en la Land Rover de Pierre, el hijo mayor de la familia, para continuar con ellos hasta San Pedro de Atacama. Nos habíamos enterado el día anterior en una charla de ruta que ellos ya tenían planeada la ruta con la que nosotros estabamos soñando: ir a San Pedro por el paso Sico, ruta de ripio menos transitada que la del Paso de Jama, el más transitado.
ULTIMA FOTO EN ARGENTINA



Y DISFRUTANDO DEL SOL

¡FOTO EN FAMILIA!
DISFRUTANDO DE LOS SALARES

FILMANDO EN LA DESOLACIÓN
ALGO DE ARTE













LAS DOS REINAS QUE NOS TRAJERON HASTA CHILE

     Y acá estamos! Quedándonos en lo de Jorge, en una casilla de adobe que él mismo se construyó, en el Ayllu de Solcor, uno de los oasis alrededor de este gran oasis que es San Pedro. Y para colmo de bondades, Jorge está en Santiago de Chile mientas nosotros disfrutamos de su hospitalidad invisible.


La magia de este mundo no deja de sorprenderme. ¡GRACIAS!




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